• Gustavo Yarroch

¿Cuál Argentina? ¿La del invicto de 721 días o la del juego que no termina de convencer?

La Selección muestra un rendimiento irregular que está lejos de ofrecer garantías, pero ostenta una racha de casi dos años sin perder.


En materia de resultados, el camino de Argentina en la Copa América marcha sobre ruedas. Con siete puntos sobre nueve disputados, ocupa el primer puesto del Grupo A, aseguró su clasificación a los cuartos de final -una obligación, teniendo en cuenta que pasan cuatro equipos de los cinco de cada zona- y si obtiene un triunfo frente a Bolivia, culminará en la cima de la fase inicial.


Sin embargo, el rendimiento futbolístico de la Selección no termina de convencer. La victoria 1-0 sobre Paraguay dejó poco para destacar. Además del éxito en sí mismo, la valla invicta, el golazo de Alejandro Gómez y el desempeño durante el primer cuarto de hora del partido en Brasilia fueron los aspectos para resaltar.


El descolorido triunfo sobre el representativo guaraní que dirige Eduardo Berizzo exhibió una versión de Argentina que le cedió la iniciativa al rival a partir de la media hora final del primer tiempo y durante toda la etapa final, sin la posibilidad de contragolpear con claridad ni la cuota necesaria de recuperación en el mediocampo. Excesivamente retrasado, el conjunto de Lionel Scaloni permitió que Paraguay llegara a los minutos finales con esperanzas de alcanzar el empate pese a no tener profundidad.


Más allá de ostentar un invicto de 721 días que se traduce en dieciséis presentaciones luego de la caída 2-0 contra Brasil en la semifinal de la Copa América pasada, el 2 de julio de 2019, Argentina no logra encontrar un funcionamiento confiable.


Los resultados hasta ahora acompañan el objetivo de acceder tanto a la próxima instancia del certamen actual como en el recorrido hacia el Mundial de Qatar 2022, pero para cortar la racha de 28 años sin títulos la Selección deberá resolver diferentes deudas. Por ahora, sigue sin explotar todo su potencial ofensivo. Y, ante rivales de mayor jerarquía, corre serio riesgo de sufrir un traspié más temprano que tarde si no modifica esa peligrosa tendencia a resignar tanto la posesión de la pelota.


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