• Gustavo Yarroch

Gallardo reinventa a su equipo y se reinventa tácticamente

El técnico de River demostró nuevamente su capacidad para rearmar el funcionamiento para explotar al máximo las virtudes de sus dirigidos. Un repaso por los sistemas que utilizó.


Marcelo Gallardo no se aferra a ningún sistema. Tampoco a los nombres propios, por pesados que éstos puedan ser. El técnico de River siempre está abierto a posibles cambios. Tiene una serie de conceptos definidos que exceden dibujos tácticos y nunca renuncia a una idea: reunir la mayor cantidad de futbolistas desequilibrantes para sostener en el tiempo su ambición ofensiva.


Más allá de las altas y bajas que hubo durante estos años, el "Muñeco" logró construir un inconfundible sello futbolístico: River siempre pretende la victoria a través de una propuesta ambiciosa y audaz, sabiendo dónde acelerar, cuándo utilizar una pausa, de qué manera presionar y en qué circunstancias recurrir a búsquedas más pragmáticas para sortear obstáculos.


Tras comenzar el año con un esquema que oscilaba entre el 3-3-2-2 y el 5-3-2, de acuerdo a los momentos de los partidos, sabiendo que ya no tenía a un mediocampista de juego y corte como Exequiel Palacios, Gallardo reanudó la competencia luego del parate por la pandemia con un nuevo dibujo: 4-3-3.


El técnico reacomodó a los laterales en el fondo como punto de partida, mientras que Julián Álvarez se ganó un lugar en el ataque, acompañando a Matías Suárez y Rafael Borré. El juvenil aportó agresividad sobre el costado derecho del ataque tanto en función ofensiva como al iniciar la presión, y versatilidad para que el equipo tenga retroceso y en algunos pasajes sume un mediocampista.


LA VUELTA DE CASCO, EL LATERAL QUE PASÓ DE LOS MURMULLOS A LA MÁS ALTA VALORACIÓN


Gracias a la nueva disposición táctica, River recuperó la presión alta que tuvo en 2014, cuando asumió Gallardo. Álvarez, Borré y Suárez incomodan la salida del rival desde el fondo para llevarlo a la equivocación o provocar que divida la pelota. De una forma u otra, el equipo se para unos diez metros más adelante en relación a la Superliga pasada. De esa manera, asfixia a los adversarios para iniciar los avances desde un sector más cercano al arco de enfrente.


A lo largo de los seis años que lleva al mando del plantel, Gallardo alternó entre sistemas inesperados y esquemas tradicionales. Supo utilizar un 4-4-2 para enfrentarse a Boca en los duelos coperos y eligió un 4-2-2-2 cuando arribó Andrés D'Alessandro, otorgándole libertades a los enganches para asociarse con los delanteros y ser el nexo con los demás jugadores. También empleó un 4-1-3-2 para tener un cinco clásico y tres hombres delante de él para reunir capacidad de desequilibrio, pero siempre con el compromiso de que todos contribuyan en la recuperación del balón.


Voraz, intenso y siempre con la mira en el arco rival, el River de Gallardo dio sobradas muestras de ser un equipo versátil y elástico, con una anarquía de movimientos bien entendida de mitad de cancha hacia adelante para intentar quitarle referencias a los rivales. Se reinventa una y otra vez. El "Muñeco" siempre encuentra la forma de que River siga siendo ultra competitivo y mantenga la premisa de tratar de imponer condiciones sin importar si es local o visitante. Así construyó una línea que excede nombres propios, mercados de pases adversos, bajas por lesiones y otras dificultades naturales.


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